Blogia

amhg

Crónicas

Crónicas


SPENCER PIERDE LA PACIENCIA

Por Ana María Hernández G. 

Desnudarse ante desconocidos no fue lo más difícil de la expe­riencia Tunick en Caracas,  sino caminar a las 5:00 am por  los alrededores del sitio del en­cuentro, zona rojísima, hambrienta de sucesos.
 Entramos al verdadero pun­to de reunión de los partici­pantes: la explanada muerta  de tedio y desidia que media  entre los edificios que anteceden las emblemáticas Torres de El Silencio. De pronto vino  a la mente un campo de concentración o una fabrica de  "soylent green", tan cercanos y a  la vez tan ajenos a nuestros recuerdos. Incertidumbre, todo  el mundo a la expectativa sin  café, con hambre, con sueño.
 Vinieron los arrieros y nos  organizaron en dos grandes  grupos, y cada uno en cinco filas. Eso permitió calcular entre 1.500 y 2.000 personas, mu­cho más de lo que realmente  esperaban. Como dijo uno de los pastores, no creían que fueran más de setecientos. Pero  hasta allá llegaron en mono,  en bata de casa o salto de  cama, en pijamas, dormilonas,  acabando de salir de una fiesta  o de un bar y con ganas de es­tar desnudísimos de una vez  por todas; muchos del interior  del país, Puerto La Cruz, Maracaibo, Mérida, según deduc­ción de los acentos; del exte­rior como Alemania, España,  Colombia. Gente variopinta,  bellos, horribles, jóvenes, viejos, ancianos, un señor en silla  de ruedas, estudiantes, profesionales, artistas.
 De pronto Tunick interrumpió nuestras conversaciones  para dar sus instrucciones, en­tre las cuales recordó que no  era el tiempo para desnudarse  todavía. Venezuela al fin y al  cabo, el chaleco, los gritos, vítores, abucheos de toda índole  se hicieron sentir.
 A una seña, supimos que  aquellos sueños repetidos donde usualmente aparecemos desnudos frente a otros se hicieron realidad: la orden de  Tunick fue impartida y como  si fuera lo más normal, todos  prescindimos de nuestras vestimentas. Fue el momento de  la sinceridad y del darse cuen­ta, el instante en el cual cada  quien mostró sin empacho su  verdadera identidad.
 Salimos, caminamos, saludamos a la prensa, llegamos al  pavimento y la avenida Bolívar nos recibió despejada y bonita, con un amanecer poético.  Primero nos distribuimos a  cada lado de la avenida justo  por donde salen los carros del  túnel y bajo la mirada sin cen­sura de Bolívar. Luego nos  desparramamos sobre la an­cha isla, mientras las órdenes  de Tunick traducidas por su  cuñada no podían controlar la  natural capacidad de desorden  del venezolano. Si pedía "agárrense de las manos", se corea­ba al estilo Puma. Si mandaba  a no sonreír ocurría todo lo  contrario. Si clamaba que hicieran silencio, algunos no podían dejar de hacer bromas.  Otro solicitó incluso una playa  nudista en Vargas.
 Cambiamos de posición y el  sol entibió nuestros cuerpos.  Ya no sentíamos nada de vergüenza y ver el cuerpo del otro  fue reafirmar nuestra propia  belleza. Una maracucha inmensa sugirió aprovechar para marchar hasta Miraflores. Tunick perdió la pacien­cia, pero no arrojó la cámara  en ningún momento. Final­mente se dio por satisfecho y  todos le brindamos un gran  aplauso por regalarnos una  buena dosis de autoestima.
 
 
 
 


Bienvenido

Ya tienes weblog.

Para empezar a publicar artículos y administrar tu nueva bitácora:

  1. busca el enlace Administrar en esta misma página.
  2. Deberás introducir tu clave para poder acceder.


Una vez dentro podrás:

  • editar los artículos y comentarios (menú Artículos);
  • publicar un nuevo texto (Escribir nuevo);
  • modificar la apariencia y configurar tu bitácora (Opciones);
  • volver a esta página y ver el blog tal y como lo verían tus visitantes (Salir al blog).


Puedes eliminar este artículo (en Artículos > eliminar). ¡Que lo disfrutes!